Cuando me lancé a escribir en este pequeño espacio, fue sin pretensiones, sin tener nada preparado, ni contenidos ni plazos, ni dónde me llevaría el hacerlo. Ese día había un buen motivo para iniciarlo y me puse con ello sin pensarlo.
Luego, ya puestos, creí lógico que si me ponía, mientras pudiera, sería con todas las consecuencias y haciéndolo siempre de la mejor manera posible. Quien me conoce sabe que el "todovalismo" nunca ha ido conmigo en estas cosas del mundo cofrade, para lo bueno o lo malo.
Cuento todo este circunloquio, cual abuelo cebolleta en el que me estoy convirtiendo acercándome ya a la cincuentena, para tratar de auto-convencerme que en esta experiencia, en la mayoría de las ocasiones, las cosas buenas que me está aportando el blog pesan más que las negativas. Y hoy es un día en el que esto se hace una realidad palpable.
Lo explico. El año pasado, cuando en la Hermandad de los Gitanos conmemorábamos el XX aniversario fundacional, se preparó una charla/coloquio donde los asistentes a la misma contaron sus motivaciones y vivencias para entrar en la nómina de hermanos y pese a que mi actividad profesional me impidió acudir, quien sí lo hizo, me transmitió lo mucho y bueno de aquella convivencia. Para entender el artículo que publico hay que sumar que este año se han incorporado al Cabildo de Oficiales de esta, hermanos que podríamos calificar de menos conocidos para la mayoría de nosotros.
Así que, ni corto ni perezoso, y ciertamente algo descarado, con todo lo anterior en la cabeza le he pedido al nuevo Promotor Sacramental y de Cultos de la hermandad, D. Enrique Solanes Aller que me regalara esa, su vivencia primera de llegada a la hermandad y poder conocerle mejor.
Y a continuación podéis leer el resultado, muestra de mi manifiesta impertinencia y de su generosidad poco común en los tiempos que corren.
Quique, Gracias de todo corazón.
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POR QUÉ ME HICE HERMANO Y COFRADE “GITANO”
Rozaban las seis de la
tarde de aquella tarde de otoño con una puesta de sol demasiado atractiva para
cualquier persona que se preciara. En realidad, junto a la calle Bailén, cerca
de Ntra. Sra. de la Almudena del viejo Mairit, y acariciado por las sombras de
tan vetusto Palacio, el pséudo silencio aconsejaba dar una respuesta
afirmativa, a una invitación firme como frágil, de hacerse llegar al kilómetro
cero de este país, bien por la Plaza de Isabel II, más popularmente conocida
como Ópera, bien por Mayor y la Plaza de San Miguel.
En cualquiera de los casos
y no importa cómo ni por dónde, mis pasos me condujeron a una calle tan
concurrida como triste, en donde tras fijar mi vista en la nada, di en observar
la sobria pared de tan ajetreada puerta, tras girar de la Calle del Carmen a la
de Salud.
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| Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen y San Luis O. |
Al acercarme, tras apenas
un par de peldaños que me trasladaban dentro,
pude ver la primera imagen en el interior, la de un Cristo crucificado, que
durante muchos meses, y sé que cuesta creerlo, fue casi mi único contacto en
aquel templo, de nombre ahora lo recuerdo, Parroquia de Nuestra Sra. del Carmen
y San Luis Obispo.
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| Cristo de la Fe. |
En realidad, no digo
verdad cuando manifiesto que Aquel fue mi único contacto, pues posteriormente y
no recuerdo cuándo, el sacerdote un día en misa pidió lectores para la
celebración a lo que yo, medio haciéndome el remolón, accedí a subir al ambón.
Debo confesar llegado este punto, que fue todo una satisfacción para mí y que a
día de hoy, aún comparto con mis hermanos.
Aunque acudía con cierta
asiduidad, mi inquietud no me provocó mirar nunca hacia las capillas laterales,
(perdonen los lectores mi torpeza, pero la tenue luz que no me invitó a ello
entonces, me impide salir hoy especialmente, de una de ellas).
Con los meses conocí en un
acto social, entiéndase una boda, a una pareja y sus hijos muy unidos a la que
entonces me comunicaron era una Hermandad, vagamente recuerdo sus nombres de
aquel momento aunque hoy ya no podré olvidarlos, entre otras causas, porque es
un lujo que no quiero permitirme, Agustín y Juani, el primer Prioste de la
Hermandad, la segunda aguadora de nuestras procesiones, sus hoy no tan
peques….un encanto.
Y fue así, como al
siguiente martes de Julio aparecí por allí, presentándome un grupo innumerable
de personas cuyos nombres no recuerdo, pero que con el tiempo y al hacerme
hermano suyo, no deseo dejar de llevar en lo más dentro de mí, pues guardo con
cariño: Julio, Manuel, Javi, Agustín, María, Lola, Mari José, Carlos, José
Luis, Pedro, Marisa y una innumerable retahíla de nombres que no expondré aquí
pero que me van a permitir, guarde en mi corazón con el mismo cariño que a los
nombrados, entre los que deseo destacar a uno en especial, Don Adolfo, Párroco
de allí y Director Espiritual de la Hermandad.
El caso es que, sin saber
muy bien por qué, aunque siempre de esta pregunta tiene el Señor la respuesta,
entré en la que entonces era conocida como la Hermandad de Nuestro Padre Jesús
de la Salud y María Santísima de las Angustias, lo que en pocas palabras se
conoce como……. “Ser Gitano”.
Es de esta capilla, la de
nuestros titulares junto con la que guarda
a Ntra. Sra. del Carmen, más de la primera que de la segunda, de las que
jamás quiero salir, aunque éste no es un sentimiento de mi absoluta propiedad
gracias al Cielo, pues lo comparto con mis Hermanos y Hermanas.
Diversas dificultades en
este transcurso de tiempo, especialmente una que guardaré por motivos que no
vienen al caso, en lo más profundo de mi corazón, me hacían tambalearme, junto
con la invitación y el empuje de una hermana de la cofradía, entre el anonimato
y el decisivo paso de echar una mano, de forma un poco más seria, en la
Hermandad.
La Bendita invitación
llegó la Semana Santa de 2017. Tras procesionar en nuestra Estación de
Penitencia del Miércoles Santo, fue el Día del Amor Fraterno (Jueves Santo),
cuando me acerqué a las tiendas del centro a comprar dos regalos para sendos
cumpleaños de la siguiente semana. Al llegar a la altura de Preciados con
Galdo, cuando mi vista giró a la izquierda, contemplé la puerta de acceso de la
parroquia esta vez por la calle del Carmen, abierta de par en par.
Tras entrar
a rezar y ver a mis titulares, pude apreciar cómo se estaban entregando flores
de los pasos de la anterior noche, a quienes allí se acercaban. Entre que me
invitaran a participar y un me quedé porque sí, pasé un par de horas con ellos.
Me propusieron volver al día siguiente y acepté. Yo no sabía del regalo que me
aguardaba.
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| Miércoles Santo en los Gitanos |
El día del Viernes Santo,
entre un ofrecimiento y otro de las flores, hubo un momento y no sé por qué,
que me quedé mirando ambos pasos, y es que a Aquella Invitación ya no pude
resistirme ni negarme. ¡Gracias a Dios!.
Me faltó tiempo para
meditarlo y me sobró para decidirlo, presentar el lunes mi “opción” para
ayudar. Un día después lo presentaba por escrito, y no importa cuánto tiempo
después, entraba a formar parte de la actual Junta de esta Hermandad, hoy por
todos conocida, como ya Real e Ilustre y Primitiva.
No importa el cargo que
ocupe, porque aquí, a los Pies de Nuestros Titulares, nadie es más que nadie,
muy al contrario.
Me invitaron a explicar
cómo me hice Hermano y espero no haber cansado a quienes han tenido la
paciencia de llegar hasta aquí leyendo. Gracias por haberlo hecho.
Gracias a mis Hermanos
Gitanos por la acogida y el cariño con los que me miman siempre.
Mi gratitud para con
Nuestra Señora de las Angustias, la Madre que con tanta paciencia nos acoge
cubriéndonos con su Manto.
Mi eterno agradecimiento a
mi Señor de la Salud, a mi Hermano Gitano que cada día me acompaña portando mi
cruz, mis dolores, mis llantos y el fardo de carga que supongo para
muchos, pero también que me sonríe, me
cuida, me sostiene, me ama, me mima y me ayuda a ser ante
otros hermanos, ejemplo de mi fragilidad cristiana, pero que como el junco, el
viento lo mueve pero no lo derriba. Así me sostiene Él, quien me invitó a ser
lo que soy, quien me hizo su Hermano.
Enrique Solanes Aller.