El sábado diecisiete de marzo de 2018 en la Basílica de Jesús Nazareno de Medinaceli, tuvo lugar el acto de exaltación de la Semana Santa en la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

El acto fue pregonado por mi amigo y hermano D. Juan José Granizo Martínez, acompañado en la parte musical por la Banda Sinfónica La Lira de Pozuelo, que para la ocasión interpretó un monográfico de marchas procesionales compuestas por D. Abel Moreno, que tuvo a bien, estar presente y dirigir a la banda durante la interpretación de seguramente su marcha más famosa, "La Madrugá".

Para rematar el acto, al Archicofradáa nombro a la banda de La Lira como Esclava de Honor.
Tengo la fortuna de contar con el original del pregón ejecutado por Juanjo Granizo y que publico a continuación. Además y para completar este artículo cuento con un nuevo trabajo fotográfico de Rodolfo Robledo.
A
ver esa banda buena que tengo, que quiero una marcha para empezar a rezar por
las calles con el señor de Madrid…
¡Vámonos
Maxi! , ¡A la voz del capataz ¡
Marcha de procesión: A la voz del Capataz
Saludo
y presentación
Padre
Director Don Benjamín Echevarria, Fraternidad Capuchina de la Basílica, Representante
de la Casa Ducal de Medinaceli, Vicehermano mayor de la Archicofradía Primaria
de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Representantes
de las cofradías, hermanos y amigos que esta tarde nos acompañáis:
Paz
y Bien.
Estas
primeras palabras son de agradecimiento a la Archicofradía de Jesús de
Medinaceli por confiar en La Lira de Pozuelo la realización del pregón de
Semana Santa de este año coincidiendo con su proclamación como Esclava de Honor
de esta gran hermandad.
Agradecimiento
que también hago mío, ya que a propuesta del Presidente de la Lira de
Pozuelo, se me ha encomendado la
redacción y locución de la parte hablada del mismo.
Espero
que el Espíritu Santo me ilumine para estar a la altura de tan alta ocasión.
Quiera
dedicar estas palabras a una persona muy especial: a mi padre que hoy cumple 79
años, a la familia de la Lira de Pozuelo, los que han sido, los que son y los
que vendrán y a todos los devotos de Madrid y Pozuelo de Jesús de Medinaceli.
¡Va por vosotros!
Conozco
a la Lira desde su fundación en 1990. Fui su secretario y presidente y aunque
ahora, solo soy un socio más, la sigo en sus
procesiones con el mismo cariño que le dediqué cuando era directivo.
Así
llevo unidas estas dos pasiones que son la música y las cofradías. Con la banda,
tras los pasos, vivo nuestra Semana Santa desde una tribuna de lujo.
Y
de su mano empecé a tratar en profundidad a esta archicofradía, piedra angular de nuestra Semana Santa, a
finales de dos mil doce cuando ella llamó a las puertas de nuestra banda, para confiarnos la música del paso del Señor,
nada menos.
Y
no hubo mucho de que hablar, por que todos queríamos lo mismo: la mejor música.
Aunque la Lira de Pozuelo es una banda sinfónica y lo habitual, para un paso de
Cristo, es acompañarlo con otro tipo de agrupaciones musicales.
Pero
siempre se nos dejó claro que este Jesús Nazareno de Medinaceli debía ser
distinto. Si alguien en el mundo puede
serlo, es precisamente esta hermandad y su sagrado titular.
Y
aquí estoy yo, para refrendarlo.
Medinaceli
fue la primera gran hermandad madrileña en confiar en nosotros. Con entusiasmo nos esforzamos en hacer música
a lo grande. Nos subimos a hombros de un
gigante, y de su mano, la Lira de Pozuelo se ha convertido en el referente de
la música cofrade de la capital.
Ya
en esa primera reunión, metidos al calor de una cercana taberna, recordamos que
tiempo atrás Jesús de Medinaceli y Pozuelo se habían cruzado en la historia.
Como
es sabido, finalizada la guerra civil, la imagen del Señor fue repatriada desde
Suiza, llegando por ferrocarril hasta la estación de Pozuelo de Alarcón.
Allí
fue recibida oficialmente en suelo español con los honores oportunos, siendo
trasladada - en reservado- a la iglesia
de la Encarnación de Madrid a donde llegó en la madrugada del 14 de mayo de mil
novecientos treinta y nueve.
Setenta
y cuatro años después, Pozuelo de Alarcón, representado por la banda de música
de la Lira, y Jesús de Medinaceli volvían
a cruzar sus caminos.
La
banda se intentó estrenar el viernes santo de dos mil trece, pero a pesar de
las veinte docenas de huevos que llevé al convento de Santa Clara – ahí es
nada- un chaparrón obligó a suspender la salida.
Al
pronto, se improvisó un besapié. En este altar mayor formó toda la banda. Y Jesús se situó en una peana, al nivel de la
basílica, justo delante de los músicos.
Mientras
que el pueblo de Madrid pasaba ante Él, fuimos interpretando una a una todas
las marchas del repertorio.
Parecía
como si nuestro Señor Cautivo dirigiera la banda situado entre los músicos … y
así me encontré con el protagonista que vertebra esta historia.
Cara
a cara. Sin distancias, sin alturas: mirándonos a los ojos.
El
recuerdo de ese inesperado encuentro ha sido la inspiración con la que se ha
cincelado este pregón. He tenido que rebuscar entre mis primeras vivencias de
hermandad para encontrar el paño sobre el que bordar sus letras.
Y
lo adornaré con la seda roja de la música de la Lira de Pozuelo.
Decía
el compositor ruso Igor Stravisky que la música no solo alababa a Dios, si no
que era capaz de alabarle mejor que la
arquitectura de un templo, mejor que toda su decoración.
Pensaba
este hombre universal que el arte de la música es el ornamento más grandioso de
la Iglesia.
Nosotros
también lo creemos.
Por
que pasarán los siglos y se hundirán estas bóvedas, pero nos quedará la música.
En
la grandiosidad de una catedral o en la sencillez de una capilla siempre podrá llevarnos a Dios la música.
Y
en nuestras calles, consigue hacer hablar a las imágenes que andan sobre los
pasos.
En
este pregón he volcado las vivencias de un madrileño que vive su pasión por la
música y las cofradías, siempre desde detrás de los pasos, siempre acompañando
a la Lira.
Por
eso, la Lira de Pozuelo pondrá música en las palabras y mi voz dará la palabra
a la música, en un pregón que así se desgrana:
De
música y de palabras
temblor
del aire estremecido
caricia
de terciopelo en el oído
lengua
que a todo hombre alcanza
De
sentimientos y pentagramas
de
frases que brotan frescas
volando
raudas como saetas
y
de notas que se clavan en el alma
Oirás
clarinetes que cantan
agudos
trinos de trompetas
saxofones
de voz serena
y
tambores de piel curada
Será
la palabra del hombre la que rece
lo
que la música a expresar no alcanza
y
cuando la voz se quede sin habla
la
música le entregará su alabanza.
Decía
San Francisco que había que predicar el evangelio en todo momento, y cuando
fuera necesario, utilizar las palabras.
Y
es que a veces la música explica mejor que las palabras algunos misterios.
Hay
una Virgen que nos ha dado un río de poemas
para
decir como llorar con risa y como reir con pena
el
misterio de una cara que embruja al que la ve de cerca.
Pero
mejor lo entenderás, escuchando la partitura de Macarena
Marcha de procesión: Macarena
El
regreso a la infancia
Toda
historia tiene un principio. En el génesis de ésta que llevo escrita, antes de
la música, está mi madre que me enseñó la fe.
Y
tras ella, mi abuela que me dio lo mejor que tenía. Por aquellos años ella
vestía a la Virgen de la Consolación, patrona de la villa de Pozuelo y allí
empecé a aprender, esas cosas que hoy son la razón de ser de una vida: la
vivencia de una hermandad, el amor por una Virgen, que me ha mantenido siempre
atado al amor a su Hijo.
Haré
lo que Jesús me diga, por que Ella me lo ha pedido.
Ya
en aquella iglesia donde mi infancia discurría, había un señor prendido, con un
escapulario azul y grana. Había un Nazareno cautivo que me miraba.
Allí
descubrí también quien era ese cautivo del que en Madrid todo el mundo habla.
Y
recuerdo aquellos días como un tesoro, con el que quizás un día, pague el
rescate de mi alma.
Por
eso estas palabras son para ponerme otra vez en los ojos de ese niño, que
pasados los cincuenta, todavía sueña con la plata y los cirios, con los faroles
de vidrio…. y aún conserva la mirada de asombro de un chiquillo.
Vuelvo a un viernes de
marzo de mi infancia, cuando el frío invierno se ha quebrado pero aún no ha
roto la primavera.
Es el barrio de las
Letras.
En una calle
cualquiera.
Y hay una multitud de
la que parte un susurro doliente.
Era
el primer viernes de marzo
y
en el barrio se oía el rumor.
Dime
madre, que es ese ruido
que
suena a un profundo dolor
No
sufras ni temas mi niño
que
no hay motivo para el temor.
Despacio
me puso mi abrigo
y
a la calle salimos los dos.
Era
el primer viernes de marzo.
Y
aún no conocía el dolor.
Yo
caminaba de su mano
para
aprender esa lección.
Vi
en la calle una fila inmensa
de
gente transida de pena
ojos
cargados de emoción
de
sufrimiento y aflicción.
Y
con ella entré en la Basílica
donde
se vertía tanta desolación
crisol
donde se funde la angustia
y
se derramaba la consolación.
Deje
pasar a mi niño
que
es un momento Señor.
Deje
pasar al chiquillo
que
solo somos los dos.
Solo
un instante, por favor,
deje
pasar a mi hijo
que
solo quiere ver al Señor.
Y
así nos vimos por vez primera El y Yo.
Yo
solo era un niño
y
Él es el hijo de Dios
Amarrado,
cautivo
coronado
con el fiero espino
flagelado
pero erguido.
Y
es humano, ¡yo os lo digo!
Por
que sus ojos buscaron los míos
y
su voz me susurró al oído
Era
el primer viernes de marzo.
Yo
todavía era un niño
y
ya sabía que era el dolor
Es
un Cristo de ojos cansados,
cargado
de sufrimiento
y
cautivo por el amor.
¡ Cuanto le debe la
Iglesia a sus mujeres!
A esas madres y abuelas
que nos enseñaron a querer al Señor y a la Virgen María, nos enseñaron el Padre
Nuestro y las primeras oraciones.
Ellas son la tierra
sobre la que germinan los cristianos, son el agua de primavera con la que
brotan las vocaciones y el sol que anima las devociones.
Y cuidemos a esos
niños, que son nuestro único y esperanzado futuro.
Cuidemos esas almas que
crecen limpias y puras.
Que vengan a las
iglesias, que llenen nuestras cofradías, que jueguen, que se aburran y enreden,
aunque a veces nos incordien, pero que encuentren dentro de estas paredes el
calor de una familia.
Traedlos a las
procesiones, vestidlos de blanco, que lleven el incienso, los carbones, que repartan lazos y estampitas, que entre
tanto nazareno serio, su dulzura nos arranque una sonrisa.
Cuidad esas almas de
cristal limpio, guardar su inmaculada
pureza tras una muralla de azucenas para que nadie mancille esa bendita
inocencia.
Y a la madre de mi
señor, primera de todas las madres y madre de todos los hombres, a esa señora
mía de los Dolores en su Soledad, no le sabría decir mejor palabra, ni mayor elogio entendería que decirle con la
música “Dios te Salve María”.
Coge esta rosa limpia
de devoción que ahora interpreta la Lira.
Marcha de procesión: Encarnación coronada
CANTO A MADRID Y A SU
NAZARENO
Con
la historia de esta talla
¿Qué
poema yo escribiría?
Nazareno
de vocación capuchina
que
alumbró la barroca Sevilla
para
ser el consuelo y la guía
de
una guarnición lejana
clavada
en el norte de África
Testigo
fue de asedios y batallas
hasta
que llegó el triste día
de
la derrota de los tercios de España.
Señor
cautivo, que cautivo apresarían
con
treinta monedas los trinitarios le rescatan
y
que sus caminos en Madrid descansan
¿Qué
historia yo contaría
Que
no estuviera ya contada?
Que
no fuera una letanía
Y
al final no dijera nada
Cuando
tejía este pregón, encontré un hijo tirando de la letra de una antigua saeta y
con ella escribí estas veinticinco palabras que serán su trama:
No
sé que misterio habrá
Que
el que te ve, prendado de ti se queda
Ni
sé que explicación tendrá
Para
que Madrid tanto te quiera
Y
con otra hebra que me rondaba la cabeza, de solo veintidós palabras, se hizo la
urdimbre de esa tela:
No
sabría decir Madrid
si
no es Madrid nazareno.
No
sabría hablar de ti
si
no lo hago también de tu pueblo
Y
con esas dos ideas este pregón se fue escribiendo entre Madrid y Cartagena,
desde Sevilla a Pozuelo, en tardes de lluvia, y en algunas madrugadas en
vela.
Dos
ideas, que se encuentran en la historia y que iluminan el presente.
Jesús llegó a Madrid en las postrimerías del siglo
diecisiete, cuando la monarquía de los Austrias se derrumbaba, asediada por las
crisis, la peste y las derrotas militares.
En aquellos tiempos, la
singular biografía de esta talla, cautiva de los moros y rescatada por los
Trinitarios, era una historia común en
muchos hogares de España.
No causa sorpresa que
su peripecia arrancara la devoción de nuestros antepasados empapados hasta los
huesos en la fe cristiana.
Pero… ¿Por qué Jesús sigue siendo, trescientos años
después, bandera de esta ciudad?
¿Por qué sigue
arrastrando una multitud renovada de devotos en estos tiempos tan
desacralizados?
Podría ser por su impresionante
escultura. Pero hay muchas imágenes que no despiertan más que la admiración de
los entendidos y no la devoción de un pueblo.
Algo tiene esta imagen
de Jesús, que te engancha, es verdad.
Pilatos presenta el
nazareno al pueblo en la esperanza de que la turba se apiade de él.
Este es el hombre:
Jesús ya ha sido flagelado. Su espalda está encogida por el cruel castigo y sin
embargo, todavía tiene fuerza para seguir erguido.
Su tez es morena. Está
sucia. La faz coronada de espinas.
La mirada vencida.
Buscando el suelo.
Humildad, entrega,
fatiga…
Y esas manos…. esas
manos prendidas. Con esa diestra hacia ti extendida. No sé si entrega con ella
la vida y si pide que les des la tuya.
Y esa pregunta te llena
de desazón.
Cuando lo meditas
entiendes la inmensa dignidad y entrega que todo El irradia.
La dignidad de un justo
que tiene una misión que le costará su vida.
Y esa dignidad y
entrega es donde Madrid se refleja y se
encuentra con su Cautivo.
La dignidad de un
pueblo que también tiene una misión y un destino: ser capital de España. Y por
cumplir esa misión, Madrid también sabrá
entregar su vida.
Un pueblo de
labradores, del que nadie se habría acordado si no hubiera en él un alcázar
clavado en el vientre de Castilla y una muralla de pedernal donde se escondía
una Virgen que llamamos Almudena.
Alcázar
con hechuras de corte, gente sencilla de
pueblo
Madrid
tiene el alma humilde de un San Isidro labriego
pero
también tiene las letras de Tirso y los versos de Quevedo
la
ciencia de Marañón y el arte de Claudio Coello
el coraje de Malasaña y el gobierno de Carlos
Tercero.
Amparas
al peregrino y toleras la diferencia
das
al parado un oficio y al estudiante su ciencia
eres
misericordia y cobijo, amparo y madre benigna
capital
de los españoles, mi pequeña patria chica
Somos la capital y es
lo que toca.
Y unas veces ha tocado
ser la cara y otras la cruz de España.
En estos trescientos
años, Jesús y su pueblo han sufrido todos los vendavales de la política.
Nos han hecho forzados
protagonista del devenir de la historia.
Así fue el dos de mayo,
cuando el pueblo de Madrid cogió sobre sus hombros su cruz, y sobre su
sacrificio España sentó las bases de una nación moderna.
Así fue durante la
larga y atroz guerra civil que dejó a la ciudad sumergida en el mismo frente de
batalla, arrancando al poeta aquellos versos, que tan bien dibujan la gente de
la villa:
¡Madrid, Madrid que bien tu nombre suena!
Madrid, rompeolas de todas las Españas
la tierra se desgarra, el cielo truena
tú sonríes con plomo en las entrañas
Y así fue aquel once de
marzo, en el más espantoso de los muchos atentados que han estremecido a los
madrileños, cuando la ciudad entera lloró por sus hijos perdidos sin perder ni
su grandeza y ni su calma.
Somos madrileños, y a
veces, es lo que toca.
Y en todos esos
peligros, la imagen de Jesús siempre estuvo con nosotros y con nosotros a todos
ellos ha sobrevivido.
Madrid
y su Señor son una misma sustancia
dos
naturalezas fundidas en una sola ánima
Madrid
puso el cuerpo, para que Jesús le diera un alma
y
el Señor quiso hacer de Madrid su única morada
y
Madrid le ha querido como hijo de sus entrañas.
Que
no hay pueblo más grande, ni ciudad más con más fama
no
hay urbe en el mundo como la capital de España.
Y allí donde llegara un
madrileño, sembró la devoción a Jesús, en cuatro continentes: por las dos
Américas, de Patagonia a la Florida,
desde África del Norte, hasta las Filipinas
De Finisterre a Tarifa,
cientos de iglesias hay en España que tienen una imagen suya.
Aunque nuestra Semana
Santa, solo tuviera a Jesús de Medinaceli, sería una de las más grandes que la
cristiandad tuviera.
Y no es solo por esos
viernes en que tu basílica se desborda de fervor y devoción por las calles de
Madrid.
Por que si algo hace a
nuestra Semana Santa única e irrepetible, es su procesión del Viernes Santo.
No hay palabras para
proclamar lo que Madrid siente cuando este Jesús soberano llega a la Plaza de
las Cortes.
No hay palabras y casi
no hay ni música.
Al salir de la
estrechura de la calle Duque de Medinaceli, se abre un Madrid grandioso y
capitolino, de calles anchas y edificios nobles.
Madrid se muestra como
ciudad, orgullosa y altiva.
La más preciosa esencia
de nuestra semana santa, donde se condensa en una sola gota toda esa vivencia
del pasado y presente de una capital en su penitencia, es subir esa Carrera de San Jerónimo donde no
cabe un alma.
Os digo que no hay
banda en el mundo que tenga que abrirse paso en tan espeso silencio, ni que
tenga que contener su emoción ante tan inmenso respeto.
Os digo que no hay
banda en el mundo que haya visto eso.
Ni se ha visto nunca
tan numeroso acompañamiento, ni un amor tan sincero.
Cientos de miles de
almas, millones de lágrimas que confluyen en un mar de aguas mansas, donde sólo
se oye el susurro de las plegarias arropado por el calor de nuestras marchas.
Desde detrás del Señor,
según las notas se desgranan, vemos los labios que tiemblan y como los ojos se
empañan y el amor de Madrid conmovido hasta lo más hondo de sus entrañas.
Vemos como al marcharse
el Señor, le siguen con la mirada hasta que pasa la banda y la música se acaba.
Os digo que no hay amor
en la Tierra como el que Madrid a Jesús le regala.
Solo
Madrid podría hacerlo:
un
millón de almas buscando consuelo
un
mar de corazones que alfombran el suelo
al
paso de su señor, Jesús el nazareno
Solo
Madrid podría hacerlo:
tejer
un palio con el azul de su cielo
callar
el bullicio, con el morado silencio
cuando
Medinaceli pasa ante su pueblo
Si
lo ves entenderás este misterio
que
se te quedará grabado con fuego
¡
Que Madrid es de su nazareno
por
que Jesús se hizo madrileño!
Marcha de procesión: Hermanos costaleros
Marcha de procesión: Virgen de los estudiantes
Se
pierden las notas de Virgen de los Estudiantes
que
ahora alcanzan cuarenta años de aniversario.
Ocho
lustros por las calles tocando el himno universitario
Gaudeamus
igitur, alegrémonos pues, con la música radiante
Quiero
dedicar unas palabras para rendir un homenaje a esta fraternidad capuchina, a
nuestros monjes menores franciscanos, creadores de esta imagen y custodios de
ella desde 1890.
El
mundo que vivimos necesita a gritos ese espíritu de San Francisco, necesita
volver a la Fraternidad y al sentido de la pobreza que ha impregnado la orden.
A
la familia franciscana se le debe el impulso y apoyo a muchas de las cosas que
hoy se han convertido en entrañables tradiciones, y que no son más que un
intento de evangelizar al pueblo desde la cercanía respondiendo al carisma de
la orden.
Así
reconocemos a San Francisco como patrón de los belenistas y con su impulso se
han generado docenas de hermandades y cofradías, de penitencia o gloria por
toda España.
Que
callen las palabras, por que la más hermosa de todas las alabanzas será
escuchar, la partitura de Soledad Franciscana
Dedicada
a la Soledad de San Buenaventura, que en Sevilla es venerada.
Marcha de procesión: Soledad franciscana
LAS
TRES PETICIONES
Música de capilla
Dice
una tradición, que cuando se viene a ver
a Jesús de Medinaceli hay que pedirle tres cosas.
Y
de las tres, el Señor hará que una se cumpla.
Este
pregonero cumplir quiere esa tradición
y
hacerle tres ruegos a su Señor nazareno.
Tres
penas que llevo guardadas en una cajita de nácar
donde
guardo las espinas que todos los días se me clavan.
Tres
saetas que me atraviesan el pecho
como
las que lleva mi querido San Sebastián
que
triunfante está en el cielo
.
La
primera es la más profunda, la que más sangra,
la
que llevo clavadita en el medio del alma:
Por
los cristianos perseguidos,
por
los que sufren burla, desprecio y castigo
no
olvides que Tú también sufriste el exilio
camino
de Egipto cuando solo eras niño.
Por
todos ellos Señor te pido
Que
no les falte el consuelo, ni el pan y ni
tu gracia.
Que
al llegar la noche tengan el merecido auxilio.
Que
no se les rompa la fe, que no pierdan la esperanza
abre
las puertas del cielo a los que sufrieron el martirio.
El
segundo ruego que te hago Señor
es
por tu ciudad y por tus vecinos:
te
pido por Madrid y por los madrileños,
que
no perdamos la humanidad y el respeto.
Que
vamos mirando pantallas y lo importante no lo vemos
ni
damos los buenos días, ni al vecino conocemos
danos
la gracia de volver a ser ese pueblo
castizo,
cordial, amable y pinturero,
Danos
la justicia, la paz y el sosiego
que
siempre vamos con prisas, como si se nos acabara el tiempo
Danos
Señor, salud, lo primero,
que
habiendo salud sobra todo el dinero.
Danos
Jesús la alegría, de disfrutar del azul de su cielo
danos
a todos trabajo, hijo de San José Obrero
un
salario digno y un digno techo
Cuida
de los niños, de las mujeres y de los abuelos
protege
al débil, al que no tiene casa, a los enfermos,
Danos
la fortaleza, de ese alcázar viejo,
que
fue origen de esta villa y su guardián en otro tiempo
Que
seamos como el agua de brota de nuestro suelo:
alivio
para sed, refugio para el viajero.
Sigamos
dando de convivencia buen ejemplo,
que
seamos, de los hombres libres, su espejo
No
abandones a tus madrileños,
Jesús
de Medinaceli, mi nazareno
Y
el tercer dardo que llevo es mi pasión y mi alegría
mi
luz, mi devoción, mi pena y mi risa
mi
gozo, mi desazón, es mi noche y es mi día:
Por
los que hacemos la Semana Santa de esta villa
Por
las hermandades, congregaciones y
cofradías,
por
esas bandas que nos emocionan con su música
por
esos hermanos que acompañan a su devoción querida
por
los costaleros y anderos y las damas de mantilla
Los
que arman los pasos montando la candelería
los
que limpian el metal , trabajando en la priostía.
Por
los capataces y los acólitos, los que inciensan la canastilla
por
los que se bregan los cultos en las sacristías.
Por
nuestros consiliarios que con esfuerzo nos iluminan
Señor
que a todos amparas bajo tu misericordia infinita:
Te
pido por la unidad de esta iglesia que hacia ti camina
que
tengamos generosidad y grandeza de miras
Que
seamos paz para las guerras
el
cirio que alumbre a la fe verdadera
fundido
en Caridad, como se derrite la cera.
Que
llevemos esperanza a los que desesperan
Música de capilla
Presentación
de Abel Moreno y la Madrugá
Hay
partituras que encierran un duende, que
cuando se tocan en la calle hacen brotar la magia.
Así
pasa con esta marcha, que Abel Moreno estrenara ahora hace cuarenta y un años.
Una música dedicada la madruga de Sevilla, pero que se han hecho un clásico de
todas las madrugadas. Con esta marcha regresa Jesús a la basílica, en la calle
Duque de Medinaceli y con ella, saldrá este año del templo.
Ya
sabrán ustedes que me estoy refiriendo a la Madrugá.
Que
en estos siete minutos que vienen escucharemos como suena el silencio en la
noche cerrada, lenta cadencia de un paso marcado con la campana.
Y
veremos como hablan las dos Esperanzas, que se encuentran por las calles antes
de que rompa el alba, con el contrapunto del clarinete susurrará la Macarena y
con el saxo bajo, hablará la de Triana.
Que coja la batuta el padre que trajo al mundo
esta partitura tan afortunada. En este templo señero donde se condensa el
Madrid verdadero, El Teniente Coronel
Don Abel Moreno, dirigirá la Lira de Pozuelo, interpretando La Madrugá.
Marcha de procesión: La Madrugá
EXALTACION DE LAS ANDAS
Apuro estas
últimas palabras para regocijarnos con una buena nueva:
¡Hace setenta y
cuatro años que Madrid quiere tocar la gloria!.
Los mismos que
Jesús lleva sin salir a sus calles en andas.
Y no es que en
ese tiempo la imagen procesionara, por así decirlo, descalza, por que el
magnífico paso que tallara Francisco Palma Burgos no es precisamente una
parihuela.
Ya quieran
muchos tener la mitad de esa montaña espléndida.
El trono de
Jesús ha estado a la altura de la devoción que arrastra la imagen que va sobre
ella y es el del tamaño necesario para el grandioso escenario por el que
discurre esta procesión donde solo cabe decir aumentativos.
Solo le faltaba
una cosa al Señor de Madrid para colmar el gusto de sus esclavos. Para rozar el
delirio. Solo una que este año se hará realidad.
Al besar su pie
cada año hemos pedido, en lo secreto, dejarle también los nuestros, para
llevarle a todos los rincones de su ciudad.
Nos
faltaba cargar su dulce peso, y hacerle la cruz liviana
quería
Madrid mecer tanto dolor y aliviar la pena amarga
ver
el bamboleo de la túnica al viento de la madrugada
Nos
faltaba hacer de tu senda, nuestra oración y alabanza,
Queremos
verte como el Señor de las bienaventuranzas,
como
ese carpintero humilde que los caminos anda.
¡¡¡
Nos faltaba buen Jesús verte salir en andas!!!.
Este
año por fin, se cumplirá esta esperanza,
¡¡
Y será lo más grande que viera la capital de España!!
Ver
a Jesús en su trono, sobre cien anderos con raza,
con
el corazón encendido por la música de la banda.
Una
centuria de vidas, ardiendo en una sola llama
Un
solo corazón que latirá a la orden de la campana,
Un
anhelo que con constancia por fin se ha realizado
Gracias
a los que entendieron que el momento ha llegado
que
Madrid necesitaba dar por fin ese paso.
Por
que este agua que viene, será como agua de Mayo,
Será
alivio, como viento fresco de una noche de verano
Será
como un abrigo, en una ventisca de marzo
Como
vino, que alegra los corazones cansados
Gracias
a la fraternidad capuchina por este precioso regalo
Gracias,
desde lo más hondo, a ese vice hermano
Gracias
a todos, os lo digo con el corazón en la mano
Manuel,
chiquillo, ¿nunca te han pitado los oídos por la mañana?:
¡Era
el clamor de los madrileños para sacar a Jesús en andas!.
Gracias
a todos, gracias os da el pregonero,
que
mi voz es la voz de sus devotos del mundo entero
que
mis palabras son las del Madrid cofradiero.
Y ahora, a
vosotros os digo:
capataces,
contraguías, anderas y anderos,
aguadores,
pertiguero, esclavos y nazarenos,
al
director y a los músicos de la Lira de Pozuelo,
¡
Llevad un paso bonito ! ¡ llevadlo sin miedo!
Llevadlo
con orgullo por que lleváis al rey de los cielos
Buscad
un nuevo estilo, que sea muy madrileño
.
Cargar
bien ese hombro y empujadlo con ganas
Empujadlo
con un corazón y una sola alma
el
Alma de una corte que sabe vestirse de gala,
el
alma de una villa con hidalguía castellana,
el
alma de un requiebro, castiza y chulapa
Llevad
un andar elegante, con gracia, y salero
siempre
adelante, sin prisa, con el paso lento,
oración
de los pies con cadencia de rezo,
que
tenga chispa y sin embargo, sea serio.
Y que no se me
olviden esas anderas.
Señoras: mi
homenaje, mi respeto.
Sois las hijas
un pueblo que tiene la elegancia de una reina y el coraje de Manuela Malasaña.
¡Ole
por estas anderas buenas!,
¡Que
os vais a poner a Madrid de montera
cuando salgáis a esas calles, andado con tan
buenas maneras!.
¡Se
va a venir Madrid abajo, cuando a vuestro paso
del
negro asfalto broten violetas y nardos!.
Y así lo pienso
y así os lo digo: que después de este viernes santo, Madrid ya nunca será el
mismo.
Cuando salga el
Señor a sus calles, sobre este inmenso bajel, apoyado en los hombros de sus
hijos, Madrid ya nunca será el mismo.
¿Pero como va
ser lo mismo…?
Si
al llegar al parlamento los leones guardarán silencio, ante el soberano regidor
de los cielos.
Tendrían
que cambiar las leyes, para que digan bien alto, que Jesús es vida y camino.
Habrá
que cambiar las leyes y no sé si habrá que cambiar el catecismo, donde diga que
este Jesús de Madrid es el verdadero Jesús por que es el más querido,
Así
os lo digo.
Que
no puede ser lo mismo empujar que subir la Carrera con brío, que la calle se
abra ante tanto tronío.
Subid
la cuesta, anderos, subidla con fervor, que el sol se pondrá pronto, que la
noche promete frío y vosotros la llenareis de calor.
Pero ya nunca
será lo mismo, por que al andar del
Señor, habrá un trémulo temblar de lirios, por que a cada paso el terciopelo
llorará estremecido.
No será lo
mismo, escuchar a la banda, marcar el paso y el que Él lo marque al unísono.
Llevadlo a la
puerta del sol, donde empiezan todos los caminos, llevad el paso templado, que
Madrid ya le espera rendido.
Alcanzad pronto
las Calatravas, donde la calle de Alcalá se hace una avenida ancha y entre
enormes arquitecturas se abre el escenario de un drama.
El drama de
Jesús y su Madre, que se encuentran cuando la noche todo lo abraza.
Nuestra Señora
de la Soledad y Desamparo y Nuestro Padre Jesús Nazareno
Una
madre, un hijo. Y un sentimiento.
Una
mujer valiente, y un hombre que sufre
tormento
Que
dolor más atroz y que dulce será ese momento,
Ya
nunca será lo mismo, cuando se crucen esas miradas,
y
hablarán con la música que brota del pentagrama
meciéndose
a la vez con ternura desbordada
fundiéndose
madre e hijo con los sones de la banda.
Ya
nunca será lo mismo cuando vuelva cansado ese Jesús peregrino,
a
su iglesia del Prado, a su convento capuchino.
la
túnica cubierta del polvo del camino
y
las manos vacías, por que todo ya lo ha ofrecido
Volverá
Jesús a buscar el portón de su basílica
y la pena se hará honda, por que llega la
despedida
Se
viene sobre nosotros una sombra negra y oscura
y
Lira romperá a llorar, como ella sabe tocar, Mi amargura,
Bajarán
dos ángeles de Murillo con voz de metal
Y
las lágrimas te brotarán, como perlas de cristal
Dos
saxofones, que con dulzura te llenarán de paz
certeza
de que el domingo el Señor resucitará.
Marcha de procesión: Mi amargura
Guardando al Señor. El
tramo final.
Cuando
llevéis al Señor camino de ese arco estrecho
Jesús
le dirá a San Miguel, a su arcángel más guerrero:
Miguel, tráeme deprisa papel y lapicero
y
apunta uno a uno los nombres de mis anderos.
Que
después vendrán muchos, pero estos son los primeros.
Apunta
a todos, de uno a otro costero,
y
no te olvides de los contraguías y de ese capataz bueno
Y
el arcángel guardará esa lista en su coraza
hasta
el día que vuestra vida extinga su llama
cuando
el ángel pese las buenas obras en su balanza
decidiendo
el destino de todas las almas.
Y
por su misericordia, ese leve papel
pesará
lo que treinta monedas de plata
y
hará que se incline el fiel
del
lado de la gloria y la esperanza.
Y
el ángel de Dios proclamará a los cuatro vientos:
¡“Este
fue uno de aquellos anderos
que
cargaron al Señor de los madrileños!”
Y
le dirá deprisa a San Pedro
¡
Ven corriendo, que lo digo y te lo ordeno!:
¡ábrele a este hombre las puertas del cielo!
Prepara
un agasajo postinero
que
venga una banda buena, como la Lira de Pozuelo
y
que toquen “Estrella Sublime” y “Campanilleros”
Que
se acabó la pena, que ya no habrá sufrimiento.
y que suban deprisa al trono entre los luceros
Les
recibirá la Virgen con un escapulario nuevo
por
que ya no seréis esclavos, si no hombres libertos
El
Señor les mirará los ojos, les mirará sonriendo
les
cogerá de su hombro, donde llevaron su peso
perdonará
sus pecados, con la sangre del cordero
y
les llevará con El, donde el azul es eterno.
Por
que habrá muchos: pero ellos fueron los primeros.
Pero
antes os queda un último esfuerzo,
solo
os queda sufrir ese último momento
el
de llevar al Señor al cobijo del templo
solo
entrará Jesús con su centuria de anderos
por
que ese portón se cerrará tras ellos
y
desde la calle esa otra centuria de Pozuelo
tocará
con orgullo sus cien instrumentos
el
último homenaje a Jesús de sus madrileños
las
últimas notas que te hincharán el pecho
rompiendo
la noche con un noble sentimiento
con
esa marcha Real, que es oración y respeto.
Himno nacional de España (Marcha Real)
Juan José
Granizo Martínez














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