Hace unas semanas debí haber participado en la mesa redonda, que dentro de los actos del XX aniversario fundacional, organizaba la Hermandad con el tema ¿Por qué me hice de la Hermandad de los Gitanos de
Madrid?
Motivos profesionales me impidieron estar en cuerpo presente como yo hubiera querido, ya que estando de corazón como lo estoy siempre, ese día fue del todo imposible acudir. Agradecer a José Luis quien fue el encargado de leer ante mi ausencia el texto que, mejorado, ahora publico.
Sin más pretensiones que el desahogo habitual y sabiendo que mi historia no es mejor que la de cualquier otro hermano, pero es la mía y es la que puedo explicar, con la venia, aquí la cuento.
__________________________________________________
En realidad yo no me hice hermano. Fue el Señor quien me trajo a la Hermandad.
Contexto condicional. Nazco en Madrid en julio de 1971 en el seno de una familia católica y humilde, de emigrantes a una vida mejor desde una zona rural de Castilla, austera, muy deprimida y de poco futuro.
En mi familia, que yo recuerde no ha existido ningún tipo de relación con la Semana Santa procesional o cofrade, más allá de la Procesión del Encuentro del Domingo de Pascua, (para los desconocedores: https://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Encuentro) donde yo era uno de aquellos chavales que encaramados al campanario hacia tañer con estrépito las campanas.
![]() |
| Campanario de Iglesia de Somolinos - Guadalajara. |
A lo largo de toda mi existencia, quien ha marcado la manera de vivir la religiosidad dentro de la familia ha sido fundamentalmente mi tío, el cura, siendo él por ejemplo, quien me ha bautizado, dado la primera comunión, o recientemente bautizado a mi hija. A mí de chico, nunca me han llamado carlitos, que por cierto me molesta, yo simplemente era el sobrino de D. Marcos el cura. Y a que vienen estos detalles. D. Marcos no es de manifestaciones religiosas de tipo masivo/popular y eso también lo he vivido siempre en casa. Pero esa es otra historia que ya contaré otro día.
A lo que vamos y resumiendo. Mi primer contacto con la Semana Santa madrileña fue si no me falla la memoria en el año 2005, antes de ayer como aquel que dice, viendo por la televisión a Ntro. Padre Jesús Nazareno “El Pobre” en su salida de la parroquia de San Pedro el Viejo.
Al año siguiente, el 2006, nos decidimos por ver en directo aquello que el año anterior habíamos visto por la televisión. La casualidad y el gentío quisieron que nos apostáramos en la plaza de San Miguel para ver pasar la imagen del “Pobre” por la calle Mayor.
Allí llegó a mis manos el folleto que suele editar el Ayuntamiento de Madrid, ese que los capirotes de los nazarenos parecen dientes de sierra, visualizando así los recorridos y los horarios de todas las procesiones capitalinas de ese año. Con ese folleto en la mano, fue cuando descubrí por primera vez la existencia de la Hermandad de los Gitanos en Madrid. Evidentemente y siendo Jueves Santo, debía esperar para ver su procesión al año siguiente. Ese año conocí al Cristo de la Fe y el Perdón en San Miguel, el cual he de reconocer que me causo una gran impresión y en sus pasos de salida en La Colegiata de San Isidro al Gran Poder y a la Esperanza Macarena.
Para entonces ya había nacido en mi la necesidad de conocer en profundidad la Semana Santa en Madrid sin imaginar que también nacía el echo de formar parte de ella.
Para entonces ya había nacido en mi la necesidad de conocer en profundidad la Semana Santa en Madrid sin imaginar que también nacía el echo de formar parte de ella.
En 2007, el Miércoles Santo llegué a los Jerónimos unos pocos minutos después de la hora prevista para la salida de la procesión. Lo que me encontré a mi llegada fue el tumulto que se originó en la puerta tras la suspensión de la misma por las malas condiciones climatológicas.
Tampoco esa noche puede ver nada de la Hermandad formada en Cofradía. Recuerdo como si fuera ayer los gritos, aplausos, vítores, música y muchos, muchos empujones. Desistí y volví para casa.
Ahora no me preguntes la razón exacta, pero a la mañana siguiente volví a los Jerónimos, pensando que podría ver algo de lo que me había perdido la noche anterior.
Y nada más entrar me llevé el gran impacto que aun hoy perdura. La capilla y en ella los Titulares.
Una señora muy amable y con cara de alegría, al verme se acercó y me regaló un clavel, explicándome de donde había salido aquella preciosa flor.
Por primera vez pude rezar unos segundos delante del Señor. Fue embriagador, desahogando allí la mala situación profesional y familiar que atravesaba en esos momentos.
No hay casualidades.
Salí de los Jerónimos henchido de felicidad y con una paz que no recordaba hacia tiempo. Así, sin más razones aparentes, al primer contacto, me marché para casa con la intención firme y decidida de entrar en la Hermandad.
Aquella señora era y es Carmen Luz y hoy aún conservo ese clavel seco en una bolsita.
Unas semanas más tarde, con la información que me dio Carmen Luz, me acerqué por primera vez a la Casa de Hermandad. Recuerdo seguro que aquel día en la oficina estaban, Antonio Contreras, Jesús García Ocaña, Emiliano, Miguel Izquierdo y Gabriel Rísquez, primeros hermanos que conocí.
A la siguiente semana, con la hoja de inscripción entregada, me hacía la entrevista Ignacio Valero, quedando registrada mi entrada en la Hermandad el veintisiete de abril de 2007.
Se me impuso la medalla de Hermano en la Función Solemne de María Santísima de las Angustias el catorce de octubre de 2007, junto por ejemplo con Daniel Escobar que es justo el hermano que me antecede en número.
Realicé mi primera salida penitencial el diecinueve de marzo de 2008, obviamente, Miércoles Santo.
| 19/03/2008- Calle Academia |

Hermano en el Señor. Solo un comentario: en Dios no existen casualidades, pues hasta las coincidencias, El las tiene planificadas.
ResponderEliminarNinguno de nosotros está aquí porque sí, estamos por porque el Cielo así lo quiso. Gracias a Dios.