A este blog le viene faltando hablar de una de la patas que sustentan la vida en nuestras Cofradías, hablar de los costaleros.
Aprovecho que nos acercamos a la festividad de Ntra. Señora del Carmen y que en unos días en la Hermandad de los Gitanos se iniciaran los ensayos de costaleros preparando la procesión del dieciséis de julio, para en las próximas semanas acercarme al mundo del costal con diversos artículos. No soy costalero, por lo que he tenido que pedir nuevamente ayuda.
Aprovecho que nos acercamos a la festividad de Ntra. Señora del Carmen y que en unos días en la Hermandad de los Gitanos se iniciaran los ensayos de costaleros preparando la procesión del dieciséis de julio, para en las próximas semanas acercarme al mundo del costal con diversos artículos. No soy costalero, por lo que he tenido que pedir nuevamente ayuda.
Podría describiros a Mancheño como tipo humilde que llegó a la Hermandad de los Gitanos en 2016 y que sin ruido, sin alharacas innecesarias ha dejado que su corazón se haga gitano. Este 2017 se estrenó como costalero del Señor y hoy nos cuenta sus experiencias.
Además y como regalo, Rodolfo Robledo nos cede estas bellas imágenes para que ilustren el emocionado artículo de Mancheño.
Gracias de corazón a los dos.
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| Señor de la Salud, Miércoles Santo 2017. Foto Rodolfo Robledo |
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Permitirme que me presente, soy Mancheño, Javier Mancheño Gómez, hermano de la Hermandad de los Gitanos de Madrid donde soy costalero de Nuestro Padre Jesús de la Salud. Desde la mayor humildad posible, voy a intentar explicar la fe y devoción que les tengo a nuestro Señor y a su madre María Santísima de las Angustias.
En el verano de
2010 me trasladaron de puesto de trabajo. En el nuevo puesto conocí a Francisco,
quien al poco tiempo de entablar amistad me explicó que pertenecía a la Hermandad
de los Gitanos donde era costalero. Francisco es, Francisco Pulido Acedo “er
Puli” y fue mi primer contacto real con la Hermandad.
Desde el año 2011 comencé
a asistir a todas las Estaciones de Penitencia, incluida esa que fue suspendida
por la lluvia. Reconozco que las primeras veces solo sentí admiración por la
belleza de la procesión, pero conforme han ido pasando los años, mi fe ha ido
floreciendo y creciendo en mí la devoción.
En el verano de
2015 mi padre sufrió un ictus provocándole un estado muy delicado de salud, con
muchas opciones de que perdiera la vida o se quedara en estado vegetal. Los
médicos que le operaron, siendo crudos, solo nos daban 20% de posibilidades de
éxito.
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| Miércoles Santo 2017. Foto Rodolfo Robledo |
Recuerdo claramente el día previo a la intervención, comprensiblemente en un estado muy nervioso y preocupado, como se me acerco el Puli y me dió una foto en blanco y negro del Señor (que llevo todavía en mi cartera) y me dijo “TEN FE”. Esa misma noche la pase en el hospital con mi padre. Cuando dormía, saque la foto del Señor y me puse a pedirle por la salud de mi padre y tras rezar, le pase por su cuerpo la foto. Al día siguiente fue la intervención, que gracias a Dios fue un éxito y mi padre consiguió recuperarse bastante bien.
Desde ese día sentí
estar en deuda con el Señor y caló en mi la devoción y una fe verdadera por el
Señor y su Madre. Decidí hacerme hermano de la Hermandad y en Función Principal
de Instituto de marzo de 2016 me impusieron la medalla, en una ceremonia que
para mí, fue impresionante y muy, muy emocionante. En ella fue donde conocí a
Carlos Elipe, quien participaba de la organización. Me dejo alucinado la manera
de organizarse las cosas para que todo saliera bien. Fue el primer momento en
que me di verdaderamente cuenta que ya pertenecía a una gran Hermandad. Días
después fue la Estación de Penitencia, me presente en la iglesia del Carmen con
mi medalla y vestido de calle, teniendo pensado en vestirme de nazareno el año siguiente.
Cuando vi de caminar al Señor y a su Madre por la iglesia decidí firmemente que
yo debía ser participe como costalero o nazareno en la procesión.
Durante este tiempo
también pude conocer a Javier, el Secretario 2º. Javi ha sido la persona que me
ha trasmitido los verdaderos valores de la Hermandad y siempre me ha hablado de
que nuestra Hermandad es en verdad como una "gran familia". Aprovecho
estas líneas para darle mi pública enhorabuena por la realización de ese gran
cartel, donde siempre me quedaré con la preciosa dedicatoria que me regaló.
Apoyado por mi
novia y mi familia, sobre todo mi madre que le hacía especial ilusión, este
2017 me presenté a la igualá de costaleros del Señor. Me recuerdo bastante nervioso
durante la igualá, pudiendo entrar en la segunda trabajadera. Para mí fue todo
una maravillosa novedad. Así llego el día del primer ensayo; si iba nervioso el
día de la igualá imaginaros los nervios de un primer ensayo…. Me ayudaron a ponerme la faja y el costal y en
todo momento estuvieron pendientes de mí. Cuando por fin tocó el momento de meterme
debajo, me invadió al mismo tiempo sentimientos de una gran responsabilidad y
felicidad. Estaré eternamente agradecido al capataz y sus contraguías, a mis
hermanos costaleros y en especial a los que han trabajado junto a mí en la 2ª trabajadera,
por conseguir que desde ese primer momento me sintiera como uno más en esta
gran cuadrilla. Es de justicia decir que de entre ellos cabe destacar a mi
hermano Puli. Sin él habría sido imposible que yo fuera costalero. Con solo un
primer ensayo pude darme cuenta del gran merito de un costalero y del
privilegio que supone ser parte de los pies del Señor.
Así mis sensaciones en los ensayos fueron mejorando conforme iban completándolos, con momentos buenos y otros no tan buenos con los problemas típicos que tiene un costalero nuevo; colocación del costal correctamente para que luego vayas bien acoplado a la trabajadera, llevar bien el compas, entender y comprender todo lo que se manda y en definitiva trabajar como uno más debajo. Al término del último ensayo he de reconocer como así confesé a mis compañeros que no me sentia del todo preparado para el día de la Estación de Penitencia, compañeros que supieron tranquilizarme y hacerme ver que con la ayuda del de arriba todo iba salir bien.
Unos días antes del
Miércoles Santo me llamó mi madre y me contó con tono de mucha felicidad
"hijo tu Señor me ha escuchado, el Señor de la Salud es muy grande" A
ella le habían detectado en una prueba médica un posible cáncer. En la
repetición de la prueba, todo quedó en una falsa alarma. Me sentía lleno de
felicidad, contento porque mi madre se había encomendado al Señor. Él que nunca
me falla, yo sintiéndome en deuda y sin embargo me premiaba con ser parte de
sus pies.
El día del
retranqueo, cuando entré al templo y vi los dos pasos montados me quede unos
momentos como paralizado y pensando la gran responsabilidad y suerte que tenia
de ser costalero del Señor. En cuanto entre debajo del paso se me pasaron los
nervios y me concentre en que saliera todo bien, fue la primera vez que estaba
debajo del paso. Jamás podre olvidarlo.
La noche previa al Miércoles
Santo apenas pude dormir. Continuamente pensaba y recordaba años anteriores viendo
la procesión.
Por fin llego el
gran día, doce de abril de 2017 Miércoles Santo y aunque pueda parecer mentira,
sin duda unos de los días más importantes en mi vida, que jamás olvidare. Desde
que me levanté se apoderó de mi una sensación de cosquilleo en el estomago,
donde tras mi llegada a la Hermandad a media tarde, el cosquilleo paso a
nerviosismo y más cuando vi que en mi tarjeta de relevos me tocaba hacer la
salida. En cuanto entré en el paso se pasaron los nervios para adueñarse de mí la
responsabilidad y la emoción del momento.
Tengo que confesar que cuando el Señor pisaba la calle, sonando saeta rompí
a llorar como un niño chico y debo confesar también que jamás había llorado
así, por emoción o alegría. Salí del paso
tras el primer relevo, feliz, emocionado, en una nube, quedándome asombrado e
de ver tanta gente que nos acompañaba.
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| Miércoles Santo 2017. Puerta del Sol. Foto Rodolfo Robledo |
Por ir terminando, otros de los grandes
momentos que quedaran en mi corazón fue la entrada del Señor en casa, cuando todos
los hermanos comenzaron a cantar el himno de la Hermandad. Qué gran
satisfacción por lo vivido y pena al mismo tiempo esperando ya con muchas ganas
a que llegue la Estación de Penitencia 2018.
Termino diciendo que
me siento muy orgulloso y agradecido por ser parte de esta Hermandad como
Hermano y Costalero, sabiendo que el día que las fuerzas no me permitan salir
como costalero, acompañaré a mi Cofradía como un nazareno vistiendo su hábito.
Mi agradecimiento a
Carlos Elipe por darme esta oportunidad de escribir en su gran blog del que yo
soy seguidor.
VIVA NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SALUD,
VIVA MARÍA SANTÍSIMA DE LAS ANGUSTIAS Y VIVA LA HERMANDAD DE LOS GITANOS
MADRID.
Fco. Javier Mancheño
Gómez





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