Fotos de portada: Srta. Berta Robledo - https://www.flickr.com/photos/fotocofrade/

martes, 13 de junio de 2017

EL FLORECER DE LA FE Y DE LA DEVOCIÓN

   A este blog le viene faltando hablar de una de la patas que sustentan la vida en nuestras Cofradías, hablar de los costaleros.

  Aprovecho que nos acercamos a la festividad de Ntra. Señora del Carmen y que en unos días en la Hermandad de los Gitanos se iniciaran los ensayos de costaleros preparando la procesión del dieciséis de julio, para en las próximas semanas acercarme al mundo del costal con diversos artículos. No soy costalero, por lo que he tenido que pedir nuevamente ayuda.

  Iniciamos la serie de artículos dedicados al costal con la colaboración de mi hermano Francisco Javier Mancheño Gómez.



  Podría describiros a Mancheño como tipo humilde que llegó a la Hermandad de los Gitanos en 2016 y que sin ruido, sin alharacas innecesarias ha dejado que su corazón se haga gitano. Este 2017 se estrenó como costalero del Señor y hoy nos cuenta sus experiencias.

  Además y como regalo, Rodolfo Robledo nos cede estas bellas imágenes para que ilustren el emocionado artículo de Mancheño.

   Gracias de corazón a los dos.


Señor de la Salud, Miércoles Santo 2017. Foto Rodolfo Robledo

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 Permitirme que me presente, soy Mancheño, Javier Mancheño Gómez, hermano de la Hermandad de los Gitanos de Madrid donde soy costalero de Nuestro Padre Jesús de la Salud. Desde la mayor humildad posible, voy a intentar explicar la fe y devoción que les tengo a nuestro Señor y a su madre María Santísima de las Angustias.

En el verano de 2010 me trasladaron de puesto de trabajo. En el nuevo puesto conocí a Francisco, quien al poco tiempo de entablar amistad me explicó que pertenecía a la Hermandad de los Gitanos donde era costalero. Francisco es, Francisco Pulido Acedo “er Puli” y fue mi primer contacto real con la Hermandad.

Desde el año 2011 comencé a asistir a todas las Estaciones de Penitencia, incluida esa que fue suspendida por la lluvia. Reconozco que las primeras veces solo sentí admiración por la belleza de la procesión, pero conforme han ido pasando los años, mi fe ha ido floreciendo y creciendo en mí la devoción.

En el verano de 2015 mi padre sufrió un ictus provocándole un estado muy delicado de salud, con muchas opciones de que perdiera la vida o se quedara en estado vegetal. Los médicos que le operaron, siendo crudos, solo nos daban 20% de posibilidades de éxito.

Miércoles Santo 2017. Foto Rodolfo Robledo

   Recuerdo claramente el día previo a la intervención, comprensiblemente en un estado muy nervioso y preocupado, como se me acerco el Puli y me dió una foto en blanco y negro del Señor (que llevo todavía en mi cartera) y me dijo “TEN FE”. Esa misma noche la pase en el hospital con mi padre. Cuando dormía, saque la foto del Señor y me puse a pedirle por la salud de mi padre y tras rezar, le pase por su cuerpo la foto. Al día siguiente fue la intervención, que gracias a Dios fue un éxito y mi padre consiguió recuperarse bastante bien.

Desde ese día sentí estar en deuda con el Señor y caló en mi la devoción y una fe verdadera por el Señor y su Madre. Decidí hacerme hermano de la Hermandad y en Función Principal de Instituto de marzo de 2016 me impusieron la medalla, en una ceremonia que para mí, fue impresionante y muy, muy emocionante. En ella fue donde conocí a Carlos Elipe, quien participaba de la organización. Me dejo alucinado la manera de organizarse las cosas para que todo saliera bien. Fue el primer momento en que me di verdaderamente cuenta que ya pertenecía a una gran Hermandad. Días después fue la Estación de Penitencia, me presente en la iglesia del Carmen con mi medalla y vestido de calle, teniendo pensado en vestirme de nazareno el año siguiente. Cuando vi de caminar al Señor y a su Madre por la iglesia decidí firmemente que yo debía ser participe como costalero o nazareno en la procesión.

Durante este tiempo también pude conocer a Javier, el Secretario 2º. Javi ha sido la persona que me ha trasmitido los verdaderos valores de la Hermandad y siempre me ha hablado de que nuestra Hermandad es en verdad como una "gran familia". Aprovecho estas líneas para darle mi pública enhorabuena por la realización de ese gran cartel, donde siempre me quedaré con la preciosa dedicatoria que me regaló.


Apoyado por mi novia y mi familia, sobre todo mi madre que le hacía especial ilusión, este 2017 me presenté a la igualá de costaleros del Señor. Me recuerdo bastante nervioso durante la igualá, pudiendo entrar en la segunda trabajadera. Para mí fue todo una maravillosa novedad. Así llego el día del primer ensayo; si iba nervioso el día de la igualá imaginaros los nervios de un primer ensayo….   Me ayudaron a ponerme la faja y el costal y en todo momento estuvieron pendientes de mí. Cuando por fin tocó el momento de meterme debajo, me invadió al mismo tiempo sentimientos de una gran responsabilidad y felicidad. Estaré eternamente agradecido al capataz y sus contraguías, a mis hermanos costaleros y en especial a los que han trabajado junto a mí en la 2ª trabajadera, por conseguir que desde ese primer momento me sintiera como uno más en esta gran cuadrilla. Es de justicia decir que de entre ellos cabe destacar a mi hermano Puli. Sin él habría sido imposible que yo fuera costalero. Con solo un primer ensayo pude darme cuenta del gran merito de un costalero y del privilegio que supone ser parte de los pies del Señor. 



Ensayo de costaleros 03/03/2017. Foto Rodolfo Robledo


 Así mis sensaciones en los ensayos fueron mejorando conforme iban completándolos, con momentos buenos y otros no tan buenos con los problemas típicos que tiene un costalero nuevo; colocación del costal correctamente para que luego vayas bien acoplado a la trabajadera, llevar bien el compas, entender y comprender todo lo que se manda y en definitiva trabajar como uno más debajo. Al término del último ensayo he de reconocer como así confesé a mis compañeros que no me sentia del todo preparado para el día de la Estación de Penitencia, compañeros que supieron tranquilizarme y hacerme ver que con la ayuda del de arriba todo iba salir bien.

Unos días antes del Miércoles Santo me llamó mi madre y me contó con tono de mucha felicidad "hijo tu Señor me ha escuchado, el Señor de la Salud es muy grande" A ella le habían detectado en una prueba médica un posible cáncer. En la repetición de la prueba, todo quedó en una falsa alarma. Me sentía lleno de felicidad, contento porque mi madre se había encomendado al Señor. Él que nunca me falla, yo sintiéndome en deuda y sin embargo me premiaba con ser parte de sus pies.

El día del retranqueo, cuando entré al templo y vi los dos pasos montados me quede unos momentos como paralizado y pensando la gran responsabilidad y suerte que tenia de ser costalero del Señor. En cuanto entre debajo del paso se me pasaron los nervios y me concentre en que saliera todo bien, fue la primera vez que estaba debajo del paso. Jamás podre olvidarlo.

La noche previa al Miércoles Santo apenas pude dormir. Continuamente pensaba y recordaba años anteriores viendo la procesión. 

Por fin llego el gran día, doce de abril de 2017 Miércoles Santo y aunque pueda parecer mentira, sin duda unos de los días más importantes en mi vida, que jamás olvidare. Desde que me levanté se apoderó de mi una sensación de cosquilleo en el estomago, donde tras mi llegada a la Hermandad a media tarde, el cosquilleo paso a nerviosismo y más cuando vi que en mi tarjeta de relevos me tocaba hacer la salida. En cuanto entré en el paso se pasaron los nervios para adueñarse de mí la responsabilidad y la emoción del momento.  Tengo que confesar que cuando el Señor pisaba la calle, sonando saeta rompí a llorar como un niño chico y debo confesar también que jamás había llorado así,  por emoción o alegría. Salí del paso tras el primer relevo, feliz, emocionado, en una nube, quedándome asombrado e de ver tanta gente que nos acompañaba.  

Miércoles Santo 2017. Puerta del Sol. Foto Rodolfo Robledo

Por ir terminando, otros de los grandes momentos que quedaran en mi corazón fue la entrada del Señor en casa, cuando todos los hermanos comenzaron a cantar el himno de la Hermandad. Qué gran satisfacción por lo vivido y pena al mismo tiempo esperando ya con muchas ganas a que llegue la Estación de Penitencia 2018.

Termino diciendo que me siento muy orgulloso y agradecido por ser parte de esta Hermandad como Hermano y Costalero, sabiendo que el día que las fuerzas no me permitan salir como costalero, acompañaré a mi Cofradía como un nazareno vistiendo su hábito.

Mi agradecimiento a Carlos Elipe por darme esta oportunidad de escribir en su gran blog del que yo soy seguidor.

VIVA NUESTRO PADRE JESÚS DE LA SALUD, VIVA MARÍA SANTÍSIMA DE LAS ANGUSTIAS Y VIVA LA HERMANDAD DE LOS GITANOS MADRID.


Fco. Javier Mancheño Gómez                       

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