Fotos de portada: Srta. Berta Robledo - https://www.flickr.com/photos/fotocofrade/

martes, 20 de junio de 2017

SENTIMIENTO COSTALERO

  Como ya expliqué la semana pasada, estas semanas previas a la festividad del Carmen me seguiré asomando al mundo del costal.

  Hoy nos trasladamos bajo el palio de María Santísima de las Angustias escribiendo para el blog Miguel Ángel Hernández del Castillo.

  Miguel Ángel ha sido estos últimos años Consiliario en la Junta de Gobierno de la Hermandad de los Gitanos de Madrid y en la actualidad es costalero de María Santísima de las Angustias. En un precioso texto nos abre su corazón y explica a su manera que siente un costalero.

   Miguel Ángel de corazón, muy agradecido.


Foto Rodolfo Robledo. Ensayo de costaleros 25/01/2015

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SENTIMIENTO COSTALERO

¿Qué sientes, que siente un costalero?  ¿Qué sientes debajo del paso?

Cuantas veces me han repetido las mismas preguntas, cuantas veces al oírlas mi vista se pierde en el cielo, mi corazón se estremece y mi sonrisa brota sin saberlo.

Una vez escribí una poesía que decía:

¿Que sientes hermano costalero?
¿Qué Siento?
Con palabras no puedo, no puedo expresar lo que siento,
Es tanto el fervor, la ilusión, el corazón que inunda mi pecho, mi alma y mi sentimiento,
Que con palabras no puedo.
A la voz del capataz, cuando grita, vámonos con ella al cielo,
Se nublan mis sentidos, se estremecen mis sentimientos, se engrandece mi corazón.
Por saber, que soy su humilde costalero, sus pies, su sentimiento, su llanto y su angustia comparto,
Cuando mi capataz dice, Vámonos con ella al cielo,
Es tanto el sentimiento, el amor que la tengo, que el nudo en mi garganta,
El pellizco en mi  corazón,  las lágrimas en mi rostro, nunca desaparecen,
Cuando se que te llevo, que somos tus pies benditos, que soy tu humilde costalero.
Por eso Madre mía,  Angustias de mi alma, Santa Virgen Maria, madre de mi Cristo gitano,
Perdona cuando a todos les digo,
Perdonad, porque con palabras no puedo expresar mi sentimiento.

Pero explicaré de la mejor manera que mi corazón me permita esto, EL SENTIMIENTO.

Siendo muy niño, en un rincón mágico de los muchos que tiene Sevilla y sobre todo sin saberlo, sin saber lo que iba a suceder, a las tantas de la madrugada, con el olor tan singular del incienso recorriendo las calles de esa bonita ciudad, a la mano de mi padre y mi madre, en compañía de mi hermano, yo me preguntaba, ¿Qué hago aquí?, tengo sueño, me quiero ir a dormir. 

Lo recuerdo como si fuera hoy mismo y ahora mientras escribo, una sonrisa aparece en mi cara, unas lágrimas recorren mi rostro, añorando ese momento. Empecé a sentir un pellizquito en el corazón sin saber porque, uno del que mi hermano me hablo en repetidas ocasiones y yo como niño, no hice caso. Siempre me decía: si lo sientes te harás cofrade, querrás a tus imágenes con una fe ciega y vaya si así fue…

De repente entre una nube de silencio, en un manto de incienso apareció ÉL, con su caminar, entrando en Campana, con el porte Gitano que lo caracteriza, el movimiento de su túnica era tal, que parecía que andaba, que caminaba sin parar, camino de su calvario.

Pero hermano, si va andando, esas fueron mis palabras para la persona que tuvo la culpa de esta Bendita locura. Mi hermano me miro, sonrió y viendo las mismas lágrimas que ahora mismo nublan mis escritos, me dijo: “Acabas de sentir el pellizco”. En ese momento supe, que tenía que ser su costalero o Nazareno, lo que el dispusiera para mi, me daba igual, hay empezó todo.

No pude en Sevilla, pero en Madrid, ÉL quiso que lo encontrará y por quien no fue mi amigo en ese momento. Él sabe de quién hablo, con su habla andaluza, sevillana de pro, empezó a ganarme, cada vez más y más entablar esa amistad que hoy por hoy perdura, me hablo de los gitanos, de la hermandad en Madrid que yo ni conocía.

Un día fui y la visite, le vi a ÉL, a Nuestro Padre Jesús de la Salud, junto a su Madre, María Santísima de Las Angustias y volví a sentir el pellizco. En ese momento, con el permiso de su capataz, me hice su humilde costalero.

Vinieron los ensayos y por fin, el gran día,  el día de su salida Penitencial.


Estación de Penitencia 2017. Puerta del Sol. Foto Rodolfo Robledo.

Que nervios, no puedo parar de sonreír,  no puedo dejar de mirarte, no puedo parar de temblar, en ese momento. La llamada del capataz a ese toque firme y armonioso del martillo, tres golpes y un silencio…

“TOC”, “ TOC”, “TOC”

Tres suspiros, lentos, con sentimiento...

“Señores, que nos vamos con el  Señor de la Salud a recorrer las calles de Madrid”, la palabras de Julio Cabrera, mi capataz. 

Un suspiro más profundo, una calma, mi trabajadera…

Me ciño a ella como si no hubiera un mañana, la abrazaba y sin saber porque, empecé a llorar de forma desconsolada, no podía parar, me acordaba de todas las personas que ya no están,  las que se fueron y no volverían , también de las que están,  de mi madre, mi padre, mis hermanos y toda mi familia

Sonó de nuevo la voz del capataz, “todos por igual valientes,  a pulso aliviao, a esta es” …. “TOC”

En ese momento el paso se elevó,  empecé a ser parte de sus pies junto a otros 34 ángeles costaleros, yo, sus pies yo, que sentimiento madre mía,  que orgullo para mí.

Empecé a sentir el sufrimiento, el peso del madero transformado en trabajadera,  al mismo tiempo paz, el amor, la fe, el sentimiento, todo eso que ÉL trasmitía.

A ambos lados, cuando gire mi cabeza en lo poquito que mi trabajo me permitía, dos ángeles costaleros que me decían,  “si no puedes, alíviate que nosotros somos tus compañeros, nosotros soportaremos el peso hasta que te recuperes”, que palabras Dios mío. Gracias hermanos y amigos, GRACIAS.

Y al final casi sin saberlo y querer aceptarlo, la entrada, el final de todo un año de espera. Yo no quería que entrara mi Cristo de manos morenas, mi Gitano del alma, mi camino de esperanza. Pero el Señor, tenía que volver a su capilla, para una vez allí,  seguir repartiendo fe y esperanza junto a su Madre Santa, su Madre Gitana.

Pasaron muchos años en los cuales saque otras imágenes, las cuales también me tocaron el corazón con el pellizquito en el alma, siempre sin dejar a mi Señor, mi Cristo de manos morenas.

Hasta que un año, llego la oportunidad de poder sacarla, pasear a nuestras Angustias, mi madre Santa, “OLE” mi Reina Gitana, con el permiso de mi Cristo y las lágrimas en mi corazón,  cambie los pies de mi Gitano por los de mi Gitana. Empecé a llevarla, recorrer con ella los caminos en los cuales va repartiendo fe y esperanza, a sentirla, cada vez más y más amarla, que guapa eres mi madre Santa, mi Reina Gitana.

Hoy por hoy mis sensaciones, mi sentimiento y mi amor por ella, crece a cada paso que doy cuando soy sus pies, cuando siento la trabajadera en mi cuello, cuando siento su llanto, las diferentes expresiones de su cara.

Seguiré siendo su costalero hasta que Ella quiera, por ti siempre Mis Angustias querida, Angustias de mi Alma.


Miguel Ángel Hernández del Castillo.


María Santísima de las Angustias. Estación de Penitencia 2017. Foto Rodolfo Robledo.

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